Podemos explicar cómo la
nueva tecnología ha influido sobre la sociedad y sobre las formas de producción
y generación de contenidos desde el clásico modelo comunicacional basado en
emisor-mensaje-receptor. Con internet y los nuevos medios casi todo ha
cambiado; sin embargo, los roles continúan. Todos podemos comunicar, pero solo
unos pocos llegan a audiencias masivas.
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| Fuente: relpe.org |
Las nuevas tecnologías y
el acceso a internet permiten que cualquier persona con acceso a ambas pueda
generar una infinidad de contenidos. Es decir, cualquier sujeto que controle
los medios de producción puede convertirse en emisor y crear un mensaje (más o
menos elaborado, artístico, creativo, veraz o entretenido). No obstante, solo
unos pocos consiguen llegar a un número de receptores de carácter masivo. Esta,
considero, es la pauta general cuando hablamos de contenidos o creaciones
‘subidas’ a internet. En este nuevo canal podemos acceder (receptores) o
‘subir’ (emisores) una enorme cantidad de trabajos, pero la sobreabundancia de
contenidos y la práctica imposibilidad de diferenciar nuestras producciones del
resto nos convierte en participantes de “un océano basura”.
Las nuevas tecnologías
posibilitan que todo el mundo participe en la generación de contenidos. Basta
con tener una idea y compartirla. Es muy positivo que una persona pueda acceder
a un artículo periodístico escrito por un residente en Sudáfrica de una forma
instantánea, gratuita y con cierta calidad formal. Es muy beneficioso que una
pareja a la que separa un océano pueda comunicarse gracias a internet y un par
de ordenadores.
Parece que con estas
posibilidades ‘democratizadoras’ en el ámbito de la comunicación que han
surgido gracias a la red todo el mundo puede ser un artista, un periodista, un
músico o un creador de cine. Muchos sujetos creen que “esto lo cambia todo, la
industria está muerta”. Pero esto no es cierto, en los medios de comunicación
sigue habiendo una serie de empresas que controlan casi toda la información que
nos llega, en el mundo del arte sigue existiendo un ambiente claramente
elitista y en el mundo del cine un puñado de distribuidoras controla la mayor
parte de la producción audiovisual que nos llega. En realidad, de lo que
podemos hablar es de un cambio en la producción de contenidos (mensajes),
mientras que existen dos modelos de emisión que conviven y en cierta forma se
complementan. La audiencia es la misma, pero ahora quiere una oferta de
contenidos cada vez más especializada, concreta, barata y fácilmente accesible.
Quien no entienda estos
cambios, quien recele de ellos y quien no se adapte, desaparecerá. Debemos
utilizar las formas de crear tradicionales y adaptarlas a la nueva realidad.
Debemos tener en cuenta que un profesional (periodista, artista, cineasta…)
solo puede competir en este mundo digital si genera unos contenidos
verdaderamente relevantes, originales, creativos y útiles para la audiencia.
Debemos diferenciarnos de la ‘masa de emisores’ haciendo aquello que mejor
sabemos hacer combinando nuestros conocimientos con las posibilidades que nos
brinda la tecnología. De lo contrario, viviremos mientras coexistan los dos
modelos de producción (industrial y postindustrial). Pero cuando el nuevo
modelo reemplace al antiguo, moriremos irremediablemente.
En el fondo parece que
alguien o algo nos quiere hacer creer que tanto internet como las nuevas
tecnologías han creado una sociedad más democrática, participativa, informada,
creativa, etc. En cierta forma sí. Pero la práctica demuestra que tanto en la
producción industrial como en la postindustrial actuales, las posibilidades de
llegar a una audiencia masiva están casi siempre en manos de un puñado de
personas.
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| Fuente: unescritorenapuros.wordpress.com |
Son excepcionales y raros
los ejemplos de un contenido creado desde el ámbito doméstico o de aficionados
que se convierten en algo ‘viral’. Sin duda, estos pocos casos merecen un
estudio en profundidad. Cuando alguien ‘cuelga’ algo en internet puede que solo
quiera expresarse, de igual modo que cuando alguien escribe un poema en un
papel. Pero en este sentido me surgen algunas preguntas, como: ¿se pierde la
autoría de los contenidos publicados en internet?, ¿dónde queda la artesanía y
exclusividad del arte si este se comparte en internet?, ¿quién es más creativo,
el hombre o la máquina?
Se trata, qué duda cabe,
de un nuevo panorama apasionante. Cuando los factores productivos cambian, todo
cambia a su alrededor. Parece que el cambio más importante radica en que hemos
pasado de ser ‘masivos consumidores’ a posibles ‘generadores masivos’.


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