domingo, 1 de abril de 2012

La espiral del disimulo liberal

La PAC representa el proteccionismo europeo en agricultura frente al libre comercio por el que aboga en el resto de ámbitos


Si las barreras agrícolas de los países desarrollados desaparecieran, las naciones pobres podrían aumentar sus exportaciones  en torno a  190 mil millones de dólares en los próximos diez años, según apunta un informe del Banco Mundial.
Los países más ricos del sistema internacional han abogado en las últimas décadas por una mayor flexibilidad en lo que a libertad de mercado internacional se refiere. Estos países  han batallado en los principales foros internacionales por el fin de las trabas al comercio internacional, favoreciendo de esta forma su ventajosa posición en materia económica. Sin embargo, cuando esta facilidad para intercambiar productos a nivel mundial les perjudica, se aferran al tan denostado proteccionismo. Un claro ejemplo de esta doble moral de los países ricos es la PAC (Política Agrícola Común) de la Unión Europea.
Fuente: actualidad.orange.es
La PAC es una de las principales apuestas de la UE en materia económica y consiste en otorgar subvenciones a los agricultores y ganaderos de la Unión para que sean más productivos y de esta forma poder competir en mejores condiciones en el mercado mundial de alimentos. Cuando se puso en marcha esta medida, hace 50 años, su principal objetivo era garantizar el abastecimiento de alimentos a una Europa que intentaba recuperarse de los desastres de la IIGM; sin embargo, en la actualidad se ha convertido en una clara intervención de los estados europeos en materia agroalimentaria para así hacer más rentables los productos  europeos. Esta práctica ha convertido a la UE en el segundo exportador mundial de productos agroalimentarios, pero también ha perjudicado a otras zonas del mundo donde tiene especial importancia el sector primario, sobre todo a Latinoamérica.
La PAC cuesta cada año a los ciudadanos europeos más de 66 mil millones de dólares, esto supone casi la mitad de todo el presupuesto de la Unión Europea y los criterios establecidos a la hora de otorgar las subvenciones hacen que el 20% de las grandes fortunas agrícolas reciban el 80% del dinero. Los datos de las ayudas han sido publicados a raíz de la entrada en vigor de la ley de transparencia y desvela que grandes fortunas y miembros de la aristocracia de los países europeos son los principales beneficiarios de las subvenciones; así la multinacional Nestlé recibió más de un millón de dólares sólo en Reino Unido. La reina de Inglaterra y el príncipe Carlos recibieron una subvención de 702.000 y 240.000 dólares respectivamente. Al analizar los datos publicados en 2009 comprobamos que el 1% de los solicitantes cobró el 23% de todas las ayudas y que farmacéuticas, importantes empresas del sector alimenticio, cajas rurales y administraciones públicas se beneficiaron de estas subvenciones europeas. Sin embargo, este año no sabremos cómo se han repartido estos  fondos multimillonarios,  porque el Tribunal de Justicia de la UE ha anulado la norma comunitaria que obligaba a los países a publicar los nombres de los beneficiarios y los importes percibidos.
Los subsidios agrícolas de la UE fueron uno de los puntos conflictivos en la Ronda de Doha, los países pobres exigieron cambios en los países más ricos que permitan una competencia equitativa. Por su parte, la UE propuso la supresión total de las subvenciones a la exportación de aquí a 2013. Y es que resulta insostenible que la mitad del presupuesto comunitario vaya a parar a un sector, que si bien es necesario y fundamental, sólo emplea al 2% de la población de la UE y  representa el 5% del PIB total.
Fuente: cubamatinal.es
El caso de la PAC es sólo un ejemplo de la doble moral de los países más ricos. Por un lado, exigen que se eliminen todas las trabas al comercio internacional, pero por otro lado, siguen auspiciando prácticas que van contra esa libertad de comercio que tanto anhelan. Los principales perjudicados por esta práctica son, como siempre, los más pobres, en este caso, los agricultores y ganaderos de países subdesarrollados, que no pueden competir en igual de condiciones con los países que subvencionan su economía. Y es que los países ricos se han hecho expertos en defender unos principios cuando les benefician y en combatir otros diferentes cuando les perjudican. Todo esto no es más que la espiral del disimulo liberal.

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