A mucha gente le da miedo crecer por todo lo que ello conlleva. Muchos de nosotros nos aferramos a una infancia que se escapa porque creemos que crecer nos traerá mayores responsabilidades, más vivencias traumáticas y más sufrimiento. Nos agarramos a un infantilismo enfermizo, y en cierta forma esquizofrénico, como una forma de defendernos de un mundo que nos aterra. El síndrome de Peter Pan consiste en vivir y comportarnos como si tuviéramos una edad interior que no se corresponde con nuestra edad real. Somos unos cobardes por mentirnos, por no ver la realidad tal y como es. Todo el mundo adora la vida cuando abundan los momentos felices y la detesta cuando estos momentos llegan a su fin. No somos conscientes de que la fortaleza de un hombre (o mujer) se mide por su capacidad de sobreponerse a los momentos más difíciles. Como dije antes, una persona debe ser capaz de escapar de ese círculo vicioso que interioriza psicológicamente cuando las cosas se tuercen.
Un drogadicto no es tal cosa porque la droga exista (que también), detrás de cada drogadicto hay un problema que hace que esa persona quiera escapar de la realidad en la que vive. Creo que la drogadicción es una forma de cobardía de aquellos que no saben, pueden o quieren coger el toro por los cuernos y tirar pa`lante.
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| Fuente: mundofotos.net |
Es nuestra obligación aferrarnos a la vida y vivirla a tope, puesto que es lo único seguro que tenemos. Las riquezas van y vienen, los amores empiezan y acaban; pero la vida, aunque es finita y a veces insufrible, es lo único que tenemos, por ello debemos cogerla con las manos y no dejar que se escape, y cuando llegue su fin (que irremediablemente llega) debemos tener la sensación de haber vivido nuestra vida y de haberla disfrutado como si cada segundo contara.
La solución a una vida de sufrimiento y desdicha no es ponerle fin de manera forzada, la solución es poner fin al sufrimiento y a la desdicha. Y esto es posible, se consigue con una actitud positiva hacia y frente a la vida, también se consigue con fortaleza, integridad e inteligencia, pues es de idiotas quedarse con lo malo que nos pasa en la vida y dejar de lado lo bueno. Tenemos que saber seleccionar aquellos momentos que nos ayuden a esbozar una sonrisa y de este modo enfrentarnos a la realidad cotidiana.
No soy de esos que creen que la vida es feliz o amarga, creo que en la vida hay momentos de felicidad y momentos de tristeza. El secreto es hacer que los momentos de felicidad sean más que los de tristeza, y en este sentido podemos hacer mucho, puesto que la felicidad no es el premio de un sorteo arbitrario. La felicidad es de quien la busca.
Y es que como decía Leonardo Da Vinci: quien no ama la vida no merece vivirla. Y salvando la imposible comparación con el maestro Da Vinci, me atrevería a añadir que quien se monta una vida psicológica o una idea soñadora de su vida, no la vive realmente, puesto que los espejismos son una forma de autoengañarnos. Todo esto no es más que una lección de la vida. Una lección más de la vida.

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