Tras
la alegría común que supuso a nivel socio-comunicativo y económico la expansión
y masificación de las nuevas tecnologías. Después de que se haya producido el
acceso a estos nuevos medios por parte de segmentos sociales anteriormente
marginales, se empiezan a estudiar los efectos que produce esta realidad sobre
las personas. Desconectados.net es un experimento que trata de profundizar en
esta dimensión. ¿Qué ocurre cuando la inmensa mayoría de la población asume las
nuevas pautas comportamentales advenidas gracias a estos nuevos medios?
Aquí
solo se estudian dos casos concretos, posiblemente no sea conveniente tomar las
conclusiones de este experimento desde un punto de vista científico. Sin
embargo, es un buen ejemplo de qué tensiones internas produce la imposibilidad
de acceder a unas herramientas que se han convertido en una especie de apéndice
del sistema neurológico de las personas. Respecto a los nuevos medios se
produce una clara dependencia en los usuarios. El continuo contacto con estos
crea un hábito, una rutina, una inercia; que en muchos casos restringe los
comportamientos anteriores centrados en el mundo de lo vicario.
Hace
no demasiados años, los chavales salían de su casa y daban una vuelta por el
barrio o por el pueblo. Sin horarios ni acuerdos comunicacionales se encontraba
con el resto o parte de sus amigos. Las relaciones sociales y de amistad eran,
por lo tanto, más espontáneas. Sin embargo, los grupos de amigos se veían, se
juntaban. Ahora, ¿quién sale de su casa sin haber conversado previamente
durante varios minutos con otra persona para acordar verse? Los nuevos medios
desarrollados al amparo de internet han impregnado buena parte de nuestra
cotidianeidad. Ha desaparecido el componente de sorpresa y casualidad en las
relaciones sociales. Además, gran parte de nuestro entretenimiento, de la información
que consumimos y de la novedad que aprendemos nos llega a través de los medios
digitales.
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| Fuente: cscoia.es |
Las
redes sociales se han universalizado. Primero empezaron a usarlas las personas
más cercanas a la tecnología. Después las personas en edad juvenil. A continuación
las personas en edad adulta y los infantes. También se produjo una paulatina
interiorización de estas nuevas posibilidades relaciones en aquellas personas
que nunca manejaron un ordenador (analfabetos tecnológicos), principalmente las
personas en edad madura.
Todos
fuimos felices durante unos años. Creímos que todo lo que traía consigo esta
nueva realidad era positivo. Nos centramos en los usos y gratificaciones que
nos beneficiaban. Se llegó incluso a plantear el final de la anterior sociedad
de masas para dar paso a una nueva sociedad postindustrial a la que algunos
teóricos dieron el nombre de sociedad de la información. Fueron tiempos
excelentes, los usuarios creyeron que el acceso a esta panacea de contenidos
diversos online supondría una mayor y
mejor democracia. Los antiguos receptores jugaron a ser emisores de mensajes.
Sin embargo, quienes realmente se beneficiaron de esto, quienes se frotaron las
manos, fueron las compañías dedicadas a fabricar toda clase de componentes
electrónicos, las empresas suministradoras de servicios de internet, los
desarrolladores de nuevas aplicaciones y herramientas de la red.
Durante
estos primeros años pocos tuvieron en cuenta los posibles riesgos que esta
nueva pauta traería para el conjunto de la sociedad. Tanto el conjunto de
ciudadanos como la mayoría de los estudiosos de la comunicación se quedaron con
los aspectos positivos del nuevo medio. Sin embargo, el tiempo mostró que no
todo era tan ideal. Que la calidad democrática era la misma que antes. Que el acceso
a la información de la mayoría de la ciudadanía era pareja a lo ocurrido
previamente.
El
contacto continuo y prolongado con el nuevo medio y sus múltiples herramientas
se fue introduciendo poco a poco en el ADN de los usuarios. Paulatinamente se
fueron utilizando estos dispositivos para todo. Para trabajar, para buscar un
empleo, para relacionarnos con las personas a las que conocíamos, para conocer
a gente nueva, para entretenernos, para aprender, para informarnos… ¿Qué
peligros podía tener este maravilloso mundo?
La
dependencia de estas nuevas tecnologías es posiblemente el mayor de los
peligros; algo que intenta reflejar el caso de estudio analizado en este
trabajo. No obstante, hay muchos otros peligros o disfunciones, como la pérdida
de la intimidad o la privacidad de los usuarios. Los engaños de todo tipo que
se producen en este mundo virtual y que ponen en peligro la integridad de los
usuarios, pero sobre todo, de aquellos que empezaron a utilizar el nuevo medio
sin haber aprendido a escapar de sus peligros (virus, acceso a datos bancarios,
acceso a información confidencial, fishing,
ciberacoso, etc.).
Muchas
de las ideas que se asociaron al nuevo medio son una pantomima. La sociedad de
la información es más teórica que real. Desde mi punto de vista seguimos
inmersos en una sociedad de masas; bien es cierto que con mayores
posibilidades. Pero, también es cierto que la inmensa mayoría de la ciudadanía
sigue inmersa en una clara actitud de masa.
Los
nuevos medios han universalizado el acceso a determinados contenidos. Han
diversificado las fuentes informativas de dichos contenidos. Permiten que
cualquier usuario genere sus propios contenidos y los difunda a través de la
red. Sin embargo, parece que los tradicionales emisores de informaciones o comunicaciones
siguen teniendo un papel preponderante en esta nueva dimensión. Son los viejos
medios los que más llegan a los ciudadanos en el nuevo cosmos. Es decir,
idealmente todo usuario puede crear un contenido y emitirlo; pero no todos
pueden llegar a una audiencia masiva. Además, la enorme cantidad de fuentes
informativas a las que cualquier usuario tiene acceso no deja de ser otra
dimensión de la masificación en la que este está inmerso ‘sobreabundancia de
información’.
Puede
que el individualismo de los diferentes sujetos sea el resultado más manifiesto
de esta nueva realidad. Cada usuario navega e interactúa individualmente. Cada
uno crea un mundo propio, personal e intransferible en la red. Pero la mayoría
de estos usuarios actúan de la misma forma, siguiendo las mismas pautas. Se
podría hablar de una clase de ‘individualismo masivo’, en el sentido de que todos actuamos de la
misma forma.
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| Fuente: exposalud.net |
La
dualidad entre ‘comunicación’ entendida como ‘puesta en común’ e ‘información’
como ‘novedad’, puede entenderse en aquel sentido propuesto por Tarde de lo
nuevo como propiciando la ‘puesta en común’; es decir, el conocimiento de lo
nuevo (conocimiento que deja de ser exclusivo para convertirse en común con la
aparición de los medios de comunicación de masas) precede a la puesta en común
(basada ya en la transmisión de un conocimiento donde prevalece la instancia
emisora y el desnivel de conocimiento dificulta una puesta en común, sino en la
opinión sobre una información compartida) y la suscita. Es decir, la
información precede a la comunicación y la fomenta. (Carrera. Teoría de la
comunicación).
Tal
y como defendía Tarde, los nuevos medios de comunicación; así como algunas de
sus herramientas, fundamentalmente las redes sociales, se van convertido en un
tema de comunicación en las relaciones sociales. Una pareja, un grupo de
amigos, desconocidos que coinciden en un lugar… las personas esperan a que se produzca
un momento de silencio (¿incómodo?) para sacar sus dispositivos conectados a la
red y mostrar algún contenido. Ocurre este hecho con Facebook y Whatsapp. Estas
dos redes sociales generan un constante y recurrente tráfico de vídeos y
fotografías básicamente, si los miramos desde el prisma de generadores de
contenidos para compartir con el interlocutor. Pero hay que tener en cuenta que
esto se produce en la esfera del mundo vicario. Un vídeo presentado en el
propio teléfono móvil a nuestro grupo de amigos puede generar risas, asco,
sorpresa, terror…; toda suerte de reacciones. Son vídeos virales, con una
enorme cantidad de visualizaciones y con un origen casi siempre desconocido.
Recientemente
se ha comenzado a emitir un anuncio publicitario
que recoge esta tendencia comportamental de un usuario de alguno de los
variadísimos contenidos suministrados a través de la red. “Vodafone te regala los mejores temas de conversación”, anuncia el spot.
La
principal conclusión a la que se llega en esta investigación, basada en un caso
de estudio doble, y en coincidencia con los expertos del experimento, es que la
autorregulación o autolimitación es la principal solución para este problema
social y personal. La dependencia (no sería apropiado denominarlo adicción) de
las nuevas tecnologías es un problema que se manifiesta en todos los
comportamientos sociales. Las personas, en un entorno vicario y grupal, no
saben cuándo dejar de utilizar sus dispositivos tecnológicos.
Quizás
todavía sea demasiado pronto para que se llegue a un consenso tácito y social
sobre las normas o pautas correctas o convenidas como socialmente educadas en
el uso de los dispositivos tecnológicos; sobre todo, un teléfono móvil con
acceso a internet, un reproductor de música o una tableta.
Es
posible que en el fututo, y cuando se profundice en el estudio del problema, se
llegue a este consenso social que dicte las normas de comportamiento cuando se
está en un entorno grupal. Tema diferente sería contemplar el comportamiento
individual que se desarrolla en la intimidad de cada individuo. Aquí sería
mucho más complicado apreciar los momentos en los que determinar que se produce
una verdadera dependencia tecnológica.
Supongo
que se produce una verdadera dependencia individual cuando se convierte también
en una dependencia en el entorno vicario. O quizás cuando te pases casi todo el
día frente al ordenador, con el smartphone siempre en la mano, con un auricular
permanentemente en la oreja… También cuando una parte importante de tus
relaciones sociales están mediatizadas a través de internet.


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