domingo, 8 de noviembre de 2015

Dependencia de las nuevas tecnologías: el caso de estudio ‘Desconectados.net’

Tras la alegría común que supuso a nivel socio-comunicativo y económico la expansión y masificación de las nuevas tecnologías. Después de que se haya producido el acceso a estos nuevos medios por parte de segmentos sociales anteriormente marginales, se empiezan a estudiar los efectos que produce esta realidad sobre las personas. Desconectados.net es un experimento que trata de profundizar en esta dimensión. ¿Qué ocurre cuando la inmensa mayoría de la población asume las nuevas pautas comportamentales advenidas gracias a estos nuevos medios?
Aquí solo se estudian dos casos concretos, posiblemente no sea conveniente tomar las conclusiones de este experimento desde un punto de vista científico. Sin embargo, es un buen ejemplo de qué tensiones internas produce la imposibilidad de acceder a unas herramientas que se han convertido en una especie de apéndice del sistema neurológico de las personas. Respecto a los nuevos medios se produce una clara dependencia en los usuarios. El continuo contacto con estos crea un hábito, una rutina, una inercia; que en muchos casos restringe los comportamientos anteriores centrados en el mundo de lo vicario.
Hace no demasiados años, los chavales salían de su casa y daban una vuelta por el barrio o por el pueblo. Sin horarios ni acuerdos comunicacionales se encontraba con el resto o parte de sus amigos. Las relaciones sociales y de amistad eran, por lo tanto, más espontáneas. Sin embargo, los grupos de amigos se veían, se juntaban. Ahora, ¿quién sale de su casa sin haber conversado previamente durante varios minutos con otra persona para acordar verse? Los nuevos medios desarrollados al amparo de internet han impregnado buena parte de nuestra cotidianeidad. Ha desaparecido el componente de sorpresa y casualidad en las relaciones sociales. Además, gran parte de nuestro entretenimiento, de la información que consumimos y de la novedad que aprendemos nos llega a través de los medios digitales.
Fuente: cscoia.es
Las redes sociales se han universalizado. Primero empezaron a usarlas las personas más cercanas a la tecnología. Después las personas en edad juvenil. A continuación las personas en edad adulta y los infantes. También se produjo una paulatina interiorización de estas nuevas posibilidades relaciones en aquellas personas que nunca manejaron un ordenador (analfabetos tecnológicos), principalmente las personas en edad madura.
Todos fuimos felices durante unos años. Creímos que todo lo que traía consigo esta nueva realidad era positivo. Nos centramos en los usos y gratificaciones que nos beneficiaban. Se llegó incluso a plantear el final de la anterior sociedad de masas para dar paso a una nueva sociedad postindustrial a la que algunos teóricos dieron el nombre de sociedad de la información. Fueron tiempos excelentes, los usuarios creyeron que el acceso a esta panacea de contenidos diversos online supondría una mayor y mejor democracia. Los antiguos receptores jugaron a ser emisores de mensajes. Sin embargo, quienes realmente se beneficiaron de esto, quienes se frotaron las manos, fueron las compañías dedicadas a fabricar toda clase de componentes electrónicos, las empresas suministradoras de servicios de internet, los desarrolladores de nuevas aplicaciones y herramientas de la red.
Durante estos primeros años pocos tuvieron en cuenta los posibles riesgos que esta nueva pauta traería para el conjunto de la sociedad. Tanto el conjunto de ciudadanos como la mayoría de los estudiosos de la comunicación se quedaron con los aspectos positivos del nuevo medio. Sin embargo, el tiempo mostró que no todo era tan ideal. Que la calidad democrática era la misma que antes. Que el acceso a la información de la mayoría de la ciudadanía era pareja a lo ocurrido previamente.
El contacto continuo y prolongado con el nuevo medio y sus múltiples herramientas se fue introduciendo poco a poco en el ADN de los usuarios. Paulatinamente se fueron utilizando estos dispositivos para todo. Para trabajar, para buscar un empleo, para relacionarnos con las personas a las que conocíamos, para conocer a gente nueva, para entretenernos, para aprender, para informarnos… ¿Qué peligros podía tener este maravilloso mundo?
La dependencia de estas nuevas tecnologías es posiblemente el mayor de los peligros; algo que intenta reflejar el caso de estudio analizado en este trabajo. No obstante, hay muchos otros peligros o disfunciones, como la pérdida de la intimidad o la privacidad de los usuarios. Los engaños de todo tipo que se producen en este mundo virtual y que ponen en peligro la integridad de los usuarios, pero sobre todo, de aquellos que empezaron a utilizar el nuevo medio sin haber aprendido a escapar de sus peligros (virus, acceso a datos bancarios, acceso a información confidencial, fishing, ciberacoso,  etc.).
Muchas de las ideas que se asociaron al nuevo medio son una pantomima. La sociedad de la información es más teórica que real. Desde mi punto de vista seguimos inmersos en una sociedad de masas; bien es cierto que con mayores posibilidades. Pero, también es cierto que la inmensa mayoría de la ciudadanía sigue inmersa en una clara actitud de masa.
Los nuevos medios han universalizado el acceso a determinados contenidos. Han diversificado las fuentes informativas de dichos contenidos. Permiten que cualquier usuario genere sus propios contenidos y los difunda a través de la red. Sin embargo, parece que los tradicionales emisores de informaciones o comunicaciones siguen teniendo un papel preponderante en esta nueva dimensión. Son los viejos medios los que más llegan a los ciudadanos en el nuevo cosmos. Es decir, idealmente todo usuario puede crear un contenido y emitirlo; pero no todos pueden llegar a una audiencia masiva. Además, la enorme cantidad de fuentes informativas a las que cualquier usuario tiene acceso no deja de ser otra dimensión de la masificación en la que este está inmerso ‘sobreabundancia de información’.
Puede que el individualismo de los diferentes sujetos sea el resultado más manifiesto de esta nueva realidad. Cada usuario navega e interactúa individualmente. Cada uno crea un mundo propio, personal e intransferible en la red. Pero la mayoría de estos usuarios actúan de la misma forma, siguiendo las mismas pautas. Se podría hablar de una clase de ‘individualismo masivo’, en el sentido de que todos actuamos de la misma forma.
Fuente: exposalud.net
La dualidad entre ‘comunicación’ entendida como ‘puesta en común’ e ‘información’ como ‘novedad’, puede entenderse en aquel sentido propuesto por Tarde de lo nuevo como propiciando la ‘puesta en común’; es decir, el conocimiento de lo nuevo (conocimiento que deja de ser exclusivo para convertirse en común con la aparición de los medios de comunicación de masas) precede a la puesta en común (basada ya en la transmisión de un conocimiento donde prevalece la instancia emisora y el desnivel de conocimiento dificulta una puesta en común, sino en la opinión sobre una información compartida) y la suscita. Es decir, la información precede a la comunicación y la fomenta. (Carrera. Teoría de la comunicación).
Tal y como defendía Tarde, los nuevos medios de comunicación; así como algunas de sus herramientas, fundamentalmente las redes sociales, se van convertido en un tema de comunicación en las relaciones sociales. Una pareja, un grupo de amigos, desconocidos que coinciden en un lugar… las personas esperan a que se produzca un momento de silencio (¿incómodo?) para sacar sus dispositivos conectados a la red y mostrar algún contenido. Ocurre este hecho con Facebook y Whatsapp. Estas dos redes sociales generan un constante y recurrente tráfico de vídeos y fotografías básicamente, si los miramos desde el prisma de generadores de contenidos para compartir con el interlocutor. Pero hay que tener en cuenta que esto se produce en la esfera del mundo vicario. Un vídeo presentado en el propio teléfono móvil a nuestro grupo de amigos puede generar risas, asco, sorpresa, terror…; toda suerte de reacciones. Son vídeos virales, con una enorme cantidad de visualizaciones y con un origen casi siempre desconocido.
Recientemente se ha comenzado a emitir un anuncio publicitario que recoge esta tendencia comportamental de un usuario de alguno de los variadísimos contenidos suministrados a través de la red. “Vodafone te regala los mejores temas de conversación”, anuncia el spot.
La principal conclusión a la que se llega en esta investigación, basada en un caso de estudio doble, y en coincidencia con los expertos del experimento, es que la autorregulación o autolimitación es la principal solución para este problema social y personal. La dependencia (no sería apropiado denominarlo adicción) de las nuevas tecnologías es un problema que se manifiesta en todos los comportamientos sociales. Las personas, en un entorno vicario y grupal, no saben cuándo dejar de utilizar sus dispositivos tecnológicos.
Quizás todavía sea demasiado pronto para que se llegue a un consenso tácito y social sobre las normas o pautas correctas o convenidas como socialmente educadas en el uso de los dispositivos tecnológicos; sobre todo, un teléfono móvil con acceso a internet, un reproductor de música o una tableta.
Es posible que en el fututo, y cuando se profundice en el estudio del problema, se llegue a este consenso social que dicte las normas de comportamiento cuando se está en un entorno grupal. Tema diferente sería contemplar el comportamiento individual que se desarrolla en la intimidad de cada individuo. Aquí sería mucho más complicado apreciar los momentos en los que determinar que se produce una verdadera dependencia tecnológica.
Supongo que se produce una verdadera dependencia individual cuando se convierte también en una dependencia en el entorno vicario. O quizás cuando te pases casi todo el día frente al ordenador, con el smartphone siempre en la mano, con un auricular permanentemente en la oreja… También cuando una parte importante de tus relaciones sociales están mediatizadas a través de internet.  

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