domingo, 1 de abril de 2012

La fiebre del oro negro

El crudo del subsuelo del Ártico agudiza las dispuestas entre los países de la zona


Bajo la superficie helada del círculo polar ártico se halla una cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo. Son más de 90.000 millones de barriles de crudo sin explotar, según cifras del U.S Geological Survey (organismo científico dependiente del Departamento de Interior estadounidense). Si se extrajese esta enorme cantidad de petróleo su valor en el mercado sería superior a los 10 trillones de dólares, lo que equivale a la deuda pública de Estados Unidos. Estas jugosas cifras han avivado las disputas entre los países que rodean al Ártico. Todos quieren  hacerse con un trozo de los más de 1,2 millones de kilómetros cuadrados de la zona.
Con el deshielo provocado por el calentamiento climático, el tradicional aislamiento del Ártico tiene los días contados. Los países limítrofes han comenzado una dura batalla legal para extender su soberanía sobre la mayor superficie posible. Dinamarca, Noruega, Estados Unidos, Canadá y Rusia llevan años intentando llegar a un acuerdo para repartirse el territorio ártico. El único instrumento legal con el que cuentan estos cinco países es el derecho internacional marítimo que dice que “todas las naciones con salida al mar tienen derecho a extender su zona de soberanía hasta 200 millas náuticas (370 kilómetros) desde sus costas”.
Fuente: vanguardia.com.mx
El Ártico alberga bajo sus cada vez más debilitados bloques de hielo enormes cantidades de crudo, gas natural e importantes reservas de estaño, manganeso, platino, diamantes y níquel. Ante este suculento panorama las petroleras  y otras empresas dedicadas a la extracción de materias primas se frotan las manos. Multinacionales como Exxon Mobil, Chevron, Husley y Encana se van acercando con sigilo a la zona. En los últimos años Groenlandia (una isla dependiente de Dinamarca) ha concedido importantes licencias de explotación en sus costas orientales. Un informe del U.S Geological Survey de 2009 dice que en la zona marítima contigua a Groenlandia habría más de 100 mil millones de toneladas de petróleo, el equivalente al 42% de las reservas de crudo de Arabia Saudí.
Dinamarca, Estados Unidos, Canadá, Rusia y Noruega llegaron a un principio de acuerdo para el reparto de la zona en un encuentro a puerta cerrada en la ciudad groenlandesa de Ilulissat en 2008. A esta reunión no fueron invitados grupos conservacionistas ni países como Islandia, Finlandia o Suecia, miembros del Consejo Ártico. El Consejo Ártico es un foro intergubernamental creado en los 90 para garantizar el desarrollo sostenible, social y ambiental de la región. Los cinco países que se disputan la zona se valen del derecho internacional para conseguir sus intereses económicos. Pero este repentino interés por la zona ártica no tiene que ver sólo con las materias primas que esconde bajo su hielo. El científico español Carlos  Duate ha manifestado que  “en dos décadas todos los pasos de la zona podrían ser navegables”. El deshielo también permitiría abrir nuevas vías de navegación por el norte, lo que posibilitaría reducir las distancias de forma considerable.
Fuente: cambioclimatico.org
Por su parte, las ONGs han pedido a los países que se disputan la zona que lleguen a un acuerdo que garantice la sostenibilidad medioambiental del Ártico. En esta petición también coinciden países que están fuera de la pugna como España o Francia. Y es que la zona del círculo polar ártico es uno de los últimos bastiones vírgenes del planeta. Está en juego uno de los últimos hábitats intactos de osos polares, ballenas, morsas y aves marinas. Pero los ambientalistas no sólo sufren por los animales. En esta zona viven entre dos y cuatro millones de personas que podrían ver desaparecer su tradicional modo de viva debido a la fiebre del oro negro que sufren los países que los rodean.
En un momento en el que el precio del petróleo y otras muchas materias primas están por las nubes, los países intentan garantizarse reservas del combustible. El Ártico es sólo un ejemplo de la codicia humana. En este caso los intereses económicos mandan. La solución ante el agotamiento de los recursos fósiles no es buscarlos en los lugares más insospechados. El futuro no es garantizarse reservas de petróleo sino  apostar por otro tipo de energías que no destruyan el planeta, pues cuando la madre Tierra muera, no importará cuántos millones de barriles de oro negro tengamos reservados para nuestro consumo.

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