Desde hace generaciones el
día de San Blas es posiblemente la celebración religiosa más típica y
tradicional de Montánchez. Se festeja el 3 de febrero y la esencia de la fiesta
ha cambiado muy poco a lo largo del tiempo.
La
tradición manda que después de misa de doce, un grupo de muchachas y señoras
vestidas con el refajo extremeño salga en ‘procesión’ desde la ermita de San
Blas y recorran las calles del pueblo. Estas portan en la cabeza un tablero con
una variedad de dulces típicos de la temporada.
Estas
piezas de madera van cubiertas con mantelería artesanal, flores y adornos de
papel y una gran variedad de dulces típicos.
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| Fotografía realizada y cedida por Laura Lavado. |
Los
dulces se venden. También los lazos propios del santo. Rojo para los hombres,
rosa para las mujeres, blanco para los niños y negro para las personas
enlutadas. Esta cinta se ata en el cuello y la tradición religiosa augura que
te protegerá en salud.
La
jornada anterior y al caer el día, en la plazoleta del barrio de San Blas se
prende la velá, una hoguera que ‘purifica
el espíritu’. Es frecuente que los niños del pueblo introduzcan un corcho en el
interior de la hoguera y se tiznen la cara de negro. No obstante, este año no
ha sido fácil esta tradición entre los niños, pues las autoridades han puesto
más impedimentos para que echen los corchos a la enorme lumbre.
En
torno a la velá, en la noche de las
candelas y frente a la ermita de San Blas, numerosos vecinos se calentaron y festejaron
la celebración alrededor de la hoguera. Muchos montanchegos fueron al barrio a
celebrar esta festividad.
San
Blas es una tradición muy seguida en el pueblo. Sin embargo, a causa de las
fechas, muchos montanchegos que viven fuera del pueblo no pudieron acudir, ya
que este año el 3 de febrero fue lunes.

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