miércoles, 23 de febrero de 2011

23-F: Una coma en la democracia española

    Militares sublevados intentan dar un golpe de estado

Los policías nacionales que montan guardia en el Congreso, los escoltas de los ministros del Gobierno y algunos chóferes y ujieres ven con curiosidad la llegada de nueve autocares llenos de guardias civiles a las inmediaciones del Congreso de los Diputados. Son las 18:23 horas del 23 de febrero de 1981. Comienza el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Antonio Tejero. Los guardias civiles sublevados entran en el Congreso por la fuerza, pretenden secuestrar la democracia, volver al pasado. Su aventura dura poco más de 17 horas.
El anterior presidente del Gobierno, Adolfo Suárez dimitió el 29 de enero acosado por la crisis económica, las dificultades para articular una nueva organización territorial del Estado, las acciones terroristas de la banda criminal ETA y la resistencia de ciertos sectores del ejército a aceptar un sistema democrático. El 10 de febrero Leopoldo Calvo-Sotelo  fue nombrado candidato a presidente del gobierno por la cúpula de UCD (Unión de Centro Democrático), el partido más votado en las elecciones de 1977.
Siguiendo el mandato constitucional que marca un máximo de dos meses para la proclamación de un nuevo presidente del Gobierno tras la dimisión del anterior, Calvo-Sotelo presentó su gobierno el 18 de febrero y dos días después se ofreció como Presidente del Gobierno ante la cámara en la primera sesión de investidura. No obtuvo  el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso y siguiendo las reglas fijadas por la Constitución se volvió a celebrar una nueva sesión de investidura el 23, en esta ocasión tan solo era necesario que más diputados votaran a favor del candidato que en contra.
Entrada de los militares en el Congreso. Fuente: rtve.es
Eran las 18:33 y el diputado socialista Manuel Núñez Encabo iba a emitir su voto; entonces, un grupo de Guardias Civiles, subfusil en mano, irrumpe en el Congreso de los Diputados al grito de “¡Quieto todo el mundo!”. La segunda sesión de investidura del Presidente del Gobierno se suspende porque los guardias civiles secuestran a los diputados, que no pueden seguir con la votación. El presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez increpa a los asaltantes, pero estos saben lo que quieren: volver al pasado autoritario, un tiempo en el que los militares tuvieron privilegios.
Fue así como Tejero y el resto de guardias civiles que le acompañaban se saltó la ley, en este caso, la ley suprema: la Constitución. Según la Carta Magna, las Cortes Generales (Congreso y Senado) son inviolables; pero también se saltó el artículo 8 de la Constitución: <las fuerzas armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional>. Poco importaba esto a los golpistas. Ellos querían volver a un pasado en el que los militares tuvieron un gran protagonismo.
Los guardias civiles, encabezados por Tejero, toman el Hemiciclo y secuestran el poder ejecutivo (Gobierno) y legislativo (Congreso), pretendían conseguir el llamado “vacío de poder” y crear un nuevo Gobierno. Aunque lo cierto es que nunca hubo vacío de poder. Por mandado del monarca, a las nueve de la noche se forma un gobierno provisional de subsecretarios de Estado, así se pretende asegurar la gobernación del Estado.
Protagonistas. Fuente: mediavida.com
Los golpistas entraron en el Congreso con la esperanza de que el rey apoyara sus pretensiones, pero este se negó  y gracias a ello se pudo  abortar el golpe a lo largo de esa noche. La noche de los transistores,  en la que gran parte del pueblo español estuvo pegado a la radio  para saber qué pasaba. Muy pocos querían volver al pasado. Muchos de ellos habían votado positivamente en el referéndum sobre la Constitución de 1978.
En virtud de la Constitución, aprobada en referéndum por el pueblo, el Rey pasa a ser Jefe de Estado, modera y arbitra las instituciones del Estado y tiene el patronazgo de las academias militares. El Rey es una figura simbólica que garantiza la unidad de España, pero no tiene poderes políticos. La Carta Magna dejaba muy poco margen de maniobra al monarca puesto que  se limitan todas las decisiones políticas del monarca mediante el “refrendo” del presidente del Gobierno o del Congreso (que se encuentran secuestrados en el Hemiciclo).
Portada de Diario 16. Fuente: elmundo.es
La Constitución, en su artículo 62 dice que el Rey tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Fue gracias a este artículo y a la negativa del monarca a apoyar a los golpistas lo que permitió que el intento de golpe fracasara. La Constitución y la voluntad pro-democrática del Rey impidieron que el golpe triunfara.
El momento clave para el fracaso del golpe tuvo lugar a la 1:14 horas, cuando el monarca interviene en televisión. Iba vestido con el uniforme de Capitán General de los Ejércitos, de esta forma se situó contra los golpistas y dejaba claro que todos los militares del país se encontraban bajo el mandato supremo del Rey. En el discurso defiende la Constitución, llama al orden a las Fuerzas Armadas y desautoriza a todos los militares sublevados. A partir de ese momento, y con la legalidad constitucional sobre la mesa, el golpe se da por fracasado.
Tejero se resistió a acatar las órdenes del Comandante en Jefe (Juan Carlos I) y resistió en el Congreso de los Diputados hasta el mediodía del 24. Antes  había liberado a todos los diputados. Fue así como terminaron poco más de 17 horas angustiosas para el pueblo español. Se volvió a la normalidad, España siguió siendo un estado social y democrático de derecho en el que la soberanía nacional la tiene el pueblo. Los poderes continuaron emanando del pueblo español.
Han pasado ya 30 años desde aquel 23-F. Ese momento crítico en la vigencia constitucional sirvió para que el pueblo español se diera cuenta de que los poderes derivados del franquismo aún seguían vivos. Muchos políticos han afirmado que ese día terminó la Transición a la democracia en España. El 23-F supuso una coma en la democracia española; sin embargo reflejó los profundos deseos de democracia en España y significó el despegue y la definitiva consolidación de la democracia española. 

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